
Hablemos de cosas serias: la película Amores Materialistas de Celine Song y ese polémico artículo de Vogue que asegura que “tener novio da vergüenza”. Temas ligeros, lo sé. Pero es que, si te fijas bien, ambos giran en torno a una idea central y muy moderna: el amor se ha convertido en una transacción y, a veces, un accesorio.

En Amores Materialistas, seguimos a Lucy, una matchmaker profesional en Nueva York. Su trabajo consiste en emparejar personas basándose en criterios tangibles: ingresos, altura, edad. Es un enfoque clínico del amor, casi como hacer la lista de la compra, ¿verdad? Lucy se debate entre dos polos: Harry, el millonario que le ofrece estabilidad y un estilo de vida de lujo (la estética que todas anhelamos), y John, su exnovio “pobre” que representa el amor romántico y la conexión emocional genuina.

Mucha gente vio la película y pensó que la lección era obvia: el amor verdadero triunfa sobre el dinero. Pero yo creo que la verdadera enseñanza de Song va más allá. La película critica sutilmente cómo el capitalismo ha permeado nuestras relaciones, reduciendo a las personas a meros cálculos matemáticos y listas de requisitos. Nos hace cuestionar qué valoramos y cómo percibimos nuestro propio valor en el mercado de las citas. La estética del lujo es un personaje más, pero la historia nos empuja a mirar detrás del guardarropa y los yates.

Y aquí es donde entra mi querido artículo de Vogue. “Tener novio da vergüenza”, afirmaba, encendiendo un debate masivo. El artículo, en esencia, sugiere que en un mundo donde las mujeres buscan empoderamiento, independencia y éxito profesional, tener “simplemente un novio” puede parecer un accesorio anticuado o, peor aún, una distracción de nuestros objetivos individuales. Se asocia con una vulnerabilidad que choca con la imagen de mujer fuerte y autosuficiente que la sociedad moderna espera de nosotras.
¿Ves la conexión? Ambas ideas, la película y el artículo, exponen la presión social y estética que enfrentamos al elegir pareja. Ya no se trata solo de amor, sino de cómo esa relación se ve, qué estatus confiere y si encaja con nuestro “estilo de vida” curado y aspiracional. Tener un novio como John podría interpretarse, bajo la óptica de Vogue, como algo “vergonzoso” o “fuera de lugar” para una mujer exitosa.

Celine Song, de hecho, ha defendido el final de su película, asegurando que no le pide a las mujeres que “bajen sus estándares”. El mensaje es más sobre elegir desde la salud mental y la autenticidad, no desde el trauma o las expectativas sociales de un “proveedor”.
Al final, la película y el artículo nos dejan reflexionando. Tal vez la verdadera madurez y el estilo de vida ideal no sea tener al hombre más rico, ni avergonzarse de tener pareja, sino encontrar el equilibrio entre la estética, el éxito personal y una conexión humana que no necesite validación externa. Y eso, amiga mía, es un outfit que nunca pasa de moda.