
El ejercicio del Poder desde la perspectiva de la Presidenta de México, Claudia Sheinbaum (en el cargo en octubre de 2025), se enmarca en la continuidad de un proyecto de “transformación” que busca redefinir la relación entre el Estado y el ciudadano. Para Sheinbaum, el poder no es un fin en sí mismo, sino una herramienta para la justicia social y la consolidación de la soberanía nacional. Sus comunicados y acciones de principios de octubre de 2025, enfocados en la reducción de la violencia y la construcción de viviendas, ilustran cómo concibe el poder ejecutivo: como la capacidad de generar bienestar tangible y reformar estructuras históricas, desmarcándose de modelos de gobierno anteriores.
El eje central de su discurso es la legitimidad popular como la fuente suprema del poder. A diferencia de las concepciones que ven el poder como algo que se hereda o se negocia en cúpulas, su visión subraya que cada acción de gobierno debe estar respaldada por el mandato democrático y orientada a los sectores más vulnerables. Por ello, la difusión constante de los logros y el énfasis en la rendición de cuentas (como en la presentación de avances de su primer año de gobierno) no son solo actos de comunicación, sino actos de reafirmación del poder ante la base social que lo otorgó.
La Presidenta también enfrenta la tensión entre la concentración de poder necesaria para impulsar reformas profundas y la resistencia institucional. Las disputas con el Poder Judicial y los debates legislativos sobre la Ley de Amparo, que buscan clarificar la función de los diferentes poderes, demuestran que la visión de transformación requiere a menudo renegociar los límites entre las ramas del Estado. Para Sheinbaum, el poder de un jefe de Estado implica la responsabilidad de eliminar privilegios y hacer que las instituciones sirvan a un proyecto nacional mayor, incluso si esto genera conflictos con estructuras establecidas.
Su enfoque en la seguridad es un claro ejemplo de cómo el poder se ejerce para reconfigurar la fuerza estatal. Al dar nuevas atribuciones a la Marina para combatir delitos en aduanas y aeropuertos y al buscar la consolidación de la Guardia Nacional, Sheinbaum está utilizando el poder para centralizar el control de la fuerza coercitiva del Estado, orientándola hacia el combate de fenómenos como el huachicol (robo de combustible) y la delincuencia. Esta es una manifestación del poder que busca ser, simultáneamente, duro contra el crimen y blando en su enfoque social.
Una dimensión del poder presidencial que se observa en sus primeros años es la influencia sobre el futuro político. El interés de su partido en aprovechar la popularidad de la presidenta para alinear los procesos electorales subsecuentes (como revocatorio, intermedias y judiciales) muestra que el poder actual es también un instrumento para asegurar la continuidad ideológica y política a largo plazo. En esta estrategia, la figura presidencial se convierte en el eje organizador de un movimiento político que busca trascender el sexenio.
En conclusión, la perspectiva de Claudia Sheinbaum sobre el Poder es pragmática y teleológica: es la capacidad delegada por el pueblo para impulsar una agenda de cambio estructural a través de la redefinición de las instituciones y la concentración de la fuerza estatal, siempre buscando la consolidación de su proyecto político y la legitimación continua a través de resultados sociales.