15 de Octubre del 2025
-Nath Varela
Octubre, mes de calabazas y disfraces, siempre ha sido el coto de caza del cine de terror. Pero la cartelera de 2025 está demostrando que el género ha madurado más allá del susto fácil para convertirse en una poderosa plataforma para la narrativa de autor y la reflexión social.
El anuncio del estreno del Frankenstein de Guillermo del Toro es, sin duda, la joya de la corona. El director mexicano no solo busca adaptar la novela de Mary Shelley; busca imbuir la historia con su sensibilidad gótica y humanista, transformando al “monstruo” en una figura de soledad existencial y al científico Victor Frankenstein en un arquetipo de la arrogancia tecnológica. Este enfoque de terror artístico nos recuerda que el miedo más profundo se gesta en la tragedia, la moralidad y la obsesión, elementos que elevan la película a la categoría de cine de prestigio.

En contraste, tenemos el regreso del terror comercialmente exitoso, pero con una renovada ambición psicológica. La secuela de Black Phone 2 (esperada para finales de este mes), con Ethan Hawke, mantiene la premisa de la comunicación espectral, pero promete intensificar su estudio sobre la vulnerabilidad infantil y el acoso generacional.
Ya no basta con un villano aterrador; la audiencia educada exige que el horror esté anclado en ansiedades contemporáneas.

La coexistencia de estos dos proyectos —uno puramente autoral y el otro un thriller de franquicia sofisticado— no es casualidad. Muestra que los estudios han entendido que, para atraer a un público joven/adulto y educado como el de Puebla, el terror debe ser visceral y cerebral a partes iguales. El miedo más rentable hoy es el que te obliga a pensar en el trayecto de vuelta a casa.
