La tradición sueca que despide la Navidad



La familia real de Suecia volvió a llamar la atención al compartir una de las tradiciones más peculiares con las que el país da por concluida la temporada navideña: deshacerse del árbol de Navidad arrojándolo por la ventana del Palacio Real de Estocolmo. Lejos de tratarse de un gesto improvisado, esta costumbre forma parte de la celebración del Día de San Canuto, fecha que marca oficialmente el final de las fiestas decembrinas en la cultura sueca.

En Suecia, la Navidad no termina el 6 de enero, sino hasta el 13, cuando San Canuto simboliza el cierre definitivo de la temporada festiva. Ese día, decoraciones, adornos y árboles dejan su lugar para dar paso al regreso de la rutina. En el caso de la casa real, este ritual se transforma en una imagen cargada de simbolismo que mezcla tradición, humor y cercanía con la ciudadanía.

El gesto, que puede parecer radical desde otras culturas, refleja una relación distinta con las tradiciones: prácticas sencillas, directas y profundamente arraigadas a la identidad del país. La escena del árbol saliendo por la ventana del palacio no solo habla de una costumbre popular, sino también de una monarquía que se muestra accesible y alineada con las celebraciones de su gente.


Más allá de lo anecdótico, este acto conecta a la realeza con el patrimonio cultural sueco, recordando que incluso en los espacios más solemnes existen rituales cotidianos que humanizan a las instituciones. Una tradición que, año con año, transforma un gesto doméstico en un momento cultural compartido.

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