
Donald Trump ha vuelto a ser el centro de atención internacional tras recibir en la Casa Blanca a Volodímir Zelenski y a líderes de Europa para dialogar sobre una solución para la guerra en Ucrania.
Con su característico estilo, Trump actuó como mediador, presionando a Kiev para que hiciera concesiones, pero al mismo tiempo ofreciendo garantías de seguridad que no quedaron del todo claras.
Este encuentro se dio pocos días después de que Trump se reuniera con Vladímir Putin en Alaska. De esa reunión surgió la idea de que Ucrania y Rusia deberían negociar directamente el futuro de los territorios ocupados. En otras palabras, Trump cree que es posible una negociación directa entre Zelenski y Putin en las próximas dos semanas, dejando a Europa en un papel secundario.
Durante el encuentro, Trump mencionó una garantía de seguridad “similar a la de la OTAN”, pero sin el compromiso de tropas estadounidenses. Esto sugiere que Europa debería asumir la mayor parte del costo de proteger a Ucrania. Por ello, los líderes europeos presentes, como Emmanuel Macron, Friedrich Merz, Giorgia Meloni y Keir Starmer, asistieron con el objetivo de asegurarse de que Trump no cediera demasiado a las demandas de Putin.
Por su parte, Zelenski se mostró diplomático, calificando la reunión de “constructiva” y agradeciendo la “señal importante” sobre las garantías de seguridad. Sin embargo, también advirtió que cualquier paz debe ser duradera y no como el acuerdo de 2014 que siguió a la anexión de Crimea.
Mientras Trump se posiciona como pacificador, el conflicto continúa. El mismo día de la reunión, Rusia lanzó ataques con drones y misiles contra Ucrania. Aunque el tiempo es un factor crítico y Trump prometió resultados en dos semanas, el texto cuestiona si esto resultará en un acuerdo genuino o si será simplemente un episodio más de su “reality show político”.