Jude Law revela el mayor reto de interpretar a Putin: “No le podía entender”

Jude Law se convirtió en una de las grandes figuras del 82.º Festival Internacional de Cine de Venecia al presentar El mago del Kremlin, la nueva película de Olivier Assayas en la que encarna a Vladimir Putin. Su participación generó una fuerte expectación, no solo por el contexto político, sino también por la complejidad de dar vida a un personaje tan enigmático.
Durante la rueda de prensa previa a la premier, Law aseguró que nunca tuvo miedo de posibles repercusiones al aceptar el papel. “No quiero ser ingenuo, pero lo cierto es que nunca temí a las repercusiones”, explicó. “Tenía plena confianza en Olivier y en el guion de la película. Sabía que la historia se contaría con inteligencia y respeto”.
El actor subrayó además que el objetivo de la producción no fue generar polémica. “Nunca se buscó la controversia por la controversia. Se trata de un personaje con una historia muy amplia. No intentamos definir ninguna opinión sobre nadie”, señaló.
Sin embargo, reconoció que el vértigo fue inevitable en un inicio, algo que le ocurre habitualmente cuando acepta un nuevo desafío: “Ahora mismo parece un Everest. Estoy mirando al cielo y diciendo ¡Dios mío, ¿qué he dicho?!”.
Más allá de esos temores iniciales, Law explicó que el mayor obstáculo al encarnar a Putin fue el hermetismo de su figura pública: “Lo más complicado era que la imagen pública de Putin desvela muy poco. De hecho, marcar la distancia entre mi máscara y yo, como actor, fue muy difícil. No podía entender qué llevaba a mi personaje a hacer esto, o aquello, qué le motivaba, qué sentía. El gran desafío pasaba por intentar mostrar muy poco, pero sentir muchísimo, porque hay que sentir desde muy adentro (cuando se actúa)”.
La película, adaptación de la novela de Giuliano da Empoli, reconstruye el ascenso político de Putin a través de los ojos de su asesor Vadim Baranov, interpretado por Paul Dano. Para dar forma a su personaje, Law recurrió a largas horas de observación de material audiovisual, apoyado en pelucas y maquillaje, pero sin recurrir a imitaciones caricaturescas, buscando un equilibrio entre la fidelidad y la interpretación artística.