Una tensa discusión estalló durante la cumbre de la Comunidad Política Europea en Copenhague, donde el canciller de Alemania, Friedrich Merz, arremetió contra el primer ministro de Hungría, Viktor Orbán, acusándolo de entorpecer las discusiones sobre temas de seguridad y la agenda del bloque.
La fuente de la disputa es la firme oposición de Orbán a una de las iniciativas centrales de la UE: la adhesión de Ucrania. El líder húngaro argumentó, en vísperas del evento, que la UE busca “declarar la guerra entre Rusia y Ucrania como nuestra”, lo que implicaría destinar más fondos a Kiev. Además, señaló que el ingreso de Ucrania obligaría a su país a dejar de comprar petróleo y gas ruso.
La cumbre, enfocada en la seguridad ante la supuesta amenaza rusa, no logró alcanzar un consenso. En un intento por eludir el bloqueo, el presidente del Consejo Europeo, António Costa, propuso impulsar acuerdos que eliminen la necesidad de la unanimidad para la incorporación de nuevos países a la UE, una idea que Orbán rechazó categóricamente en la sala. Sin embargo, las expectativas de que estas reglas de votación cambien a corto plazo son bajas.
Incluso una propuesta de la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, de crear un “muro de drones” para reforzar las capacidades militares del bloque, enfrentó resistencia, no solo de Hungría, sino también de otros países poderosos de la UE, como Alemania, Francia e Italia.
Desde Moscú, el portavoz presidencial, Dmitri Peskov, lamentó que la “política militarista y de confrontación en Europa pueda materializarse en forma de nuevos muros divisorios”. Previamente, el presidente ruso, Vladímir Putin, había calificado de “tontería” la idea de que Rusia considere atacar a los países de la OTAN, instando a los líderes europeos a “calmarse, dormir tranquilos” y ocuparse de sus propios problemas.
