La parálisis presupuestaria del gobierno de Estados Unidos, conocida como “shutdown” o cierre del gobierno, entró este lunes en su segunda semana sin un final cercano a la vista. Desde que comenzó el pasado miércoles, ambos bandos políticos se han culpado mutuamente por la crisis, sumiendo al país en una parálisis con graves consecuencias económicas y sociales.
La Casa Blanca volvió a elevar la presión al amenazar con despedir a funcionarios públicos si la oposición demócrata no cede. Aunque el presidente Donald Trump había anunciado despidos definitivos, la portavoz de la Casa Blanca aclaró que se refería a los despidos técnicos temporales que son habituales en un shutdown por la falta de financiación. Sin embargo, advirtió que si el cierre continúa, los despidos definitivos serán una “consecuencia desafortunada”.
Los más afectados por la crisis son los empleados federales: cerca de dos millones de funcionarios no podrán cobrar su sueldo hasta que el Congreso apruebe un presupuesto. Expertos estiman que este shutdown podría durar semanas. Para Andrew Koneschusky, exasesor de Chuck Schumer, “ambas partes se mantienen firmes y se habla muy poco de compromisos”.
El presidente Trump parece estar implementando una estrategia de “máximo sufrimiento” hacia la oposición, incluyendo la congelación de fondos federales destinados a estados demócratas. James Druckman, profesor de la Universidad de Rochester, sugirió que la intransigencia del magnate, sumada a la determinación de los demócratas de “luchar lo suficiente” esta vez, es una razón de peso para creer que este podría ser el shutdown más largo de la historia.
La solución a la crisis choca en dos posturas irreconciliables:
Republicanos: Proponen una prórroga del presupuesto actual hasta finales de noviembre.
Demócratas: Insisten en aumentar la financiación de programas de seguro médico para la población más desfavorecida.
El economista Michael Strain calificó de “inconcebible” que el cierre se extienda por varios meses, señalando que la falta de remuneración del personal militar ejercerá una presión política significativa sobre los legisladores. Además de los funcionarios, los ciudadanos que viajen podrían enfrentar interrupciones en sus vuelos debido a la escasez de agentes de seguridad del transporte o controladores aéreos.
El shutdown actual aún está lejos de alcanzar el récord de 35 días que se produjo entre diciembre de 2018 y enero de 2019, durante el primer gobierno de Trump. No obstante, las negociaciones en el Congreso se mantienen estancadas.
Los republicanos necesitan persuadir a suficientes senadores demócratas para alcanzar el umbral de 60 votos necesarios en la cámara para superar el bloqueo. Hasta el viernes, su proyecto de ley solo había obtenido 54 apoyos. Se esperaba una nueva votación para la tarde del lunes, pero no se anticipaba ningún avance significativo. La crisis se profundiza por la historia de concesiones demócratas pasadas que, según Druckman, “no produjo resultados positivos”, inclinando a la oposición a “mantenerse firmes” en esta ocasión.
