Ofrenda monumental: cuando la tradición del Día de Muertos abraza también a los animales

El altar, organizado por el Instituto de Bienestar Animal (IBA), conmemoró el Día Internacional de las Mascotas Fallecidas y se convirtió en un espacio para celebrar el amor, la memoria y la conexión eterna entre humanos y animales.

El gobernador Alejandro Armenta, acompañado por su hija Cristy Armenta y su compañero de vida, Tommy Armenta, recorrió el altar conmovido por los mensajes, fotografías y ofrendas dedicadas a las mascotas que marcaron la vida de miles de familias poblanas.
Durante su visita, el mandatario destacó que los animales “no son objetos, sino seres que merecen amor, responsabilidad y empatía”, reafirmando el llamado a fortalecer una cultura de bienestar animal en cada hogar.

La titular del IBA, Michele Islas Ganime, explicó que la ofrenda está compuesta por cuatro niveles simbólicos:

Los dos primeros, dedicados a los animales que fueron compañeros fieles de las familias poblanas.

El tercero, a quienes perdieron la vida a causa del maltrato o el abandono.

Y el cuarto nivel, a los seres que fallecieron durante las recientes lluvias en la Sierra Norte, recordando la labor humanitaria del Instituto y de los médicos veterinarios que asistieron a los animales afectados por la contingencia.

Cada elemento del altar —desde las velas hasta las fotografías— invita a reflexionar sobre el vínculo profundo entre humanos y animales, un lazo que trasciende el tiempo y la ausencia.

El gobernador Armenta aprovechó el encuentro para reconocer el trabajo de las y los especialistas del Instituto, quienes han respondido con compromiso y compasión ante las emergencias.
Estas acciones reflejan la visión humanista que impulsa su administración, en sintonía con la política nacional de bioética social y respeto a la vida promovida por la presidenta Claudia Sheinbaum.

La ofrenda monumental no solo honra la memoria de las mascotas fallecidas: también reafirma el compromiso del gobierno estatal con el bienestar animal y con la construcción de un entorno más empático, responsable y amoroso.
En Puebla, la tradición del Día de Muertos se expande más allá del altar: se convierte en una oportunidad para recordar que toda vida —humana o animal— merece ser celebrada y cuidada.

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