
París abre una nueva puerta a la historia y al futuro de la diáspora africana: el House of African Worlds (MansA), un centro cultural que combina arte, pensamiento, música, performance y comunidad. Instalado en un antiguo taller textil en el distrito 10, el edificio ha sido restaurado y transformado en una casa-laboratorio, donde las voces afrodescendientes toman el protagonismo que por décadas les fue negado dentro de los grandes museos europeos.
La curadora Roxane Mbanga, creadora del proyecto, lo define como “una casa para imaginar juntos”, un refugio que rechaza las etiquetas museográficas tradicionales. En lugar de una exposición fija, MansA propone rotaciones de experiencias inmersivas que atraviesan videoarte, archivo, moda, gastronomía y ritual.

Su muestra inaugural, “Noires”, reúne a 27 artistas afro-caribeños y africanos residentes en Europa que abordan la identidad desde el cuerpo, el duelo, la migración y el gozo. Entre ellos, destacan Aïcha Snoussi, Maya-Inès Touam y Cédric Kouamé, cuyas obras reconfiguran el mapa emocional del continente africano a través de la estética y la memoria colectiva.
El proyecto cuenta con apoyo del Ministerio de Cultura francés, pero su motor principal es la autogestión: MansA funciona también como residencia artística y centro educativo, ofreciendo talleres de escritura, prácticas curatoriales y gestión cultural a jóvenes de la diáspora.

Más que un museo, MansA es una declaración política: la de restituir la voz a quienes fueron reducidos al exotismo o al silencio. Su apertura llega en un momento en que Europa revisa su relación con el pasado colonial y sus narrativas de poder.
Para un público latinoamericano, la propuesta resuena profundamente: cuestiona los modos en que la historia del arte se escribe y quiénes son autorizados a contarla. Y en ese espejo, las historias poscoloniales de África dialogan con las de América Latina, revelando que el arte —cuando es urgente— no se cuelga, se vive.