
Durante la final del US Open, el presidente Donald Trump lanzó en sus redes una contundente llamada a Hamas para que acepte un acuerdo de liberación de rehenes, calificando su mensaje como “mi última advertencia”. Trump afirmó que Israel había aceptado los términos que él promovía y que, de no aceptar Hamas, habría “consecuencias severas”. La declaración se hizo pública desde su suite en Arthur Ashe Stadium.

Paralelamente, funcionarios estadounidenses confirmaron que el equipo del presidente —incluido el enviado Steve Witkoff— había impulsado una propuesta de cese temporal y liberación escalonada de rehenes, que en los borradores aparecería ligada a la liberación de un número significativo de presos palestinos y a un alto al fuego temporal. Según reportes, la propuesta fue canalizada a través de mediadores, incluido el activista israelí Gershon Baskin.
La intervención de Trump en un acto público y de perfil deportivo generó críticas por su estilo publicitario en asuntos de seguridad nacional: diplomáticos y analistas alertaron sobre los riesgos de anunciar términos en público, ya que puede erosionar la discreción necesaria para negociaciones sensibles. No obstante, la Casa Blanca defendió que la presión pública puede forzar avances donde las vías tradicionales han fracasado.
Hamas, según fuentes citadas por agencias, dijo haber recibido “ideas” desde mediadores y se mostró en principio abierta a estudiar propuestas, aunque remarcó la necesidad de garantías y verificaciones. Los gobiernos implicados y organizaciones humanitarias insistieron en que cualquier acuerdo debería priorizar seguridad, verificación y acceso humanitario inmediato.
Internacionalmente, la iniciativa provocó reacciones diversas: algunos aliados mostraron esperanza por una salida negociada para rehenes, otros reclamaron procesos multilaterales y coordinación con las Naciones Unidas para asegurar que cualquier cese cumpla estándares humanitarios. La propuesta permanece en negociación y su aceptación final es incierta.
El episodio subraya la centralidad de la crisis en Gaza en la agenda internacional y muestra cómo actores no tradicionales o canales alternos pueden aparecer en momentos de estancamiento diplomático, con resultados inciertos y riesgos propios.