En un escenario que respira tradición y bajo la exigente atmósfera del Caliente.mx Open, el mexicano José Cristóbal Islas reafirma su estatus como el nombre a seguir en el golf profesional.
Hay victorias que se cuentan en números y otras que se definen por el temple. Lo ocurrido este fin de semana en el Club Campestre de Tijuana pertenece a la segunda categoría. En una sede que se estrenaba como anfitriona de la Gira Profesional Mexicana, el ambiente no podía ser más exclusivo: un campo que exige maestría técnica y un field de jugadores internacionales decididos a no ceder un solo palmo de terreno.

El arte de mantener la calma
Para José Cristóbal Islas, la novena etapa de la temporada no fue solo un torneo más; fue una declaración de intenciones. Con una tarjeta final de 64 golpes y un acumulado de -20, Islas no solo se llevó el trofeo, sino que demostró esa “quiet confidence” que define a los grandes campeones.
Mientras la presión aumentaba y figuras como el brasileño Rafael Becker acechaban el liderato con una ronda final de infarto, el mexicano se mantuvo imperturbable, navegando los hoyos del Campestre con una serenidad envidiable.

Entre leyendas y nuevas fronteras
El torneo nos regaló momentos de alta sofisticación deportiva. Vimos a un José de Jesús “El Camarón” Rodríguezrecordar por qué es leyenda, igualando el récord de campo con una histórica ronda de 61 golpes. Sin embargo, la semana perteneció a la nueva guardia.
La bolsa de $1,800,000 pesos y los puntos para el ranking mundial (OWGR) fueron el marco perfecto para un evento que eleva el perfil del golf en el norte del país. Tijuana, con su vibrante cultura y este impecable club social, demostró ser el spot ideal para la expansión de un circuito que busca, por encima de todo, la excelencia.
Lo que sigue
Con este cuarto título en sus manos, José Cristóbal Islas se consolida como el protagonista de una temporada 2025-26 que ha sabido mezclar el rigor competitivo con el estilo de vida de los mejores campos de México.
El Caliente.mx Open cierra sus puertas, pero el eco de una victoria impecable se queda en los fairways del Campestre, recordándonos que en el golf, como en la vida, la verdadera victoria pertenece a quienes saben mantener la elegancia bajo presión.
