
En la teoría cinematográfica, el término male gaze fue introducido por la académica Laura Mulvey en los años 70 para describir cómo el cine tradicional proyectaba a las mujeres desde la mirada masculina: objetos de deseo, pasivas y destinadas a ser contempladas. Este enfoque ha marcado durante décadas la forma en que se construyen los personajes femeninos y cómo el público aprende a verlos.
En contraste, el female gaze surge como una respuesta que propone una representación más íntima, empática y subjetiva. Aquí las mujeres dejan de ser objetos para convertirse en sujetos de deseo, voz y acción. Se priorizan sus emociones, su agencia y la complejidad de su experiencia, ofreciendo una perspectiva que cuestiona estereotipos y amplía la narrativa audiovisual.
Ejemplos del male gaze
Satine (Moulin Rouge!) aparece como musa y objeto de deseo, más definida por la pasión del protagonista que por su propia voz.
Mary Jane Watson (Spider-Man, 2002) encarna la “dama en apuros”, construida alrededor de la mirada heroica de Peter Parker.
Harley Quinn en Suicide Squad (2016) fue presentada de forma hipersexualizada, pensada para la contemplación masculina más que para la evolución del personaje.

Ejemplos del female gaze
Fleabag (Phoebe Waller-Bridge) rompe la cuarta pared y habla directamente al espectador, apropiándose de su propia narrativa y deseo.
Barbie en la película de Greta Gerwig (2023) se convierte en sujeto activo de reflexión sobre identidad y libertad, alejándose del estereotipo de objeto.
Marianne (Normal People) es retratada con una vulnerabilidad íntima que prioriza su experiencia emocional por encima de la mirada externa.

El contraste entre estas representaciones muestra cómo cambia la experiencia del espectador: el male gaze ofrece un reflejo filtrado por el deseo masculino, mientras que el female gaze abre paso a historias donde las mujeres son protagonistas de su propia complejidad.