
La alfombra roja, instalada en Los Ángeles, se convirtió en el primer gran escenario de la velada, donde artistas, productores y celebridades desfilaron con propuestas que confirmaron que la música y la moda siguen caminando de la mano.

Este año, la alfombra roja destacó por su diversidad estética. No hubo una sola tendencia dominante: convivieron los vestidos de alta costura con siluetas clásicas, los looks experimentales con guiños futuristas y las apuestas minimalistas con piezas cargadas de dramatismo. Cada aparición pareció pensada como un mensaje visual, una extensión de la identidad artística de quien la portaba.

Las transparencias, los brillos y los cortes estructurados marcaron gran parte de la noche, mientras que varios artistas optaron por atuendos que desafiaron los códigos tradicionales del glamour, apostando por la ambigüedad de género y la reinterpretación de prendas formales. El negro, el dorado y los tonos intensos dominaron la paleta cromática, aunque también hubo espacio para colores suaves que aportaron contraste y elegancia.

Más allá del vestuario, la alfombra roja fue también un punto de encuentro generacional. Figuras consagradas compartieron espacio con artistas emergentes, reflejando el cruce constante entre tradición e innovación que caracteriza a los Grammy. Algunas reapariciones inesperadas despertaron la nostalgia del público, mientras que nuevas voces aprovecharon el momento para consolidar su presencia en la industria.